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Capítulo 0

Introducción: La Lengua Griega y el Nuevo Testamento

I. Historia del desarrollo de la lengua griega

Lineal B

La historia de la lengua griega comienza, en lo que respecta a los textos que conservamos hasta hoy, con la civilización micénica, al menos ya en el siglo XIII a. C. Los primeros textos están redactados en una escritura llamada Lineal B. Tras el colapso de la civilización micénica (alrededor de 1200 a. C.) la escritura desapareció de Grecia. A finales del siglo IX y principios del siglo VIII a. C. se introdujo la escritura basada en el silabario fenicio, reutilizando algunos símbolos consonánticos para representar las vocales griegas. Las inscripciones alfabéticas sobrevivientes más antiguas están escritas utilizando este nuevo sistema y datan de finales del siglo VIII a. C.

Periodo clásico

En el periodo clásico o helenístico, el griego existía en varios dialectos importantes (dórico, jónico, ático, etc.), cada uno de los cuales tiene su propia importancia para la historia de la lengua, pero el más influyente de ellos terminaría siendo el hablado en Atenas, llamado ático. Sin embargo, bien entrado el periodo helenístico, el ático y el jónico —la forma de la lengua hablada principalmente en las ciudades-estado griegas junto al mar Egeo— ejercieron una influencia significativa el uno sobre el otro como las formas preferidas de la lengua para la prosa oratoria y filosófica, produciendo eventualmente un dialecto que ahora se llama ático-jónico.

Cuando se piensa en «griego clásico», normalmente se hace referencia al dialecto ático, hablado en la ciudad de Atenas y utilizado por escritores famosos en la segunda mitad del primer milenio antes de Cristo: Esquilo, Sófocles, Tucídides, Jenofonte, Demóstenes, Platón, etc.

El koiné helenístico

Los términos «griego helenístico» y «griego koiné» se utilizan indistintamente para la lengua hablada en este periodo. Algunos estudiosos cristianos también usan los términos «griego bíblico» y «griego del Nuevo Testamento» para referirse a la lengua tal como aparece en las copias más antiguas del Nuevo Testamento. Más adelante en este texto, dicha denominación será cuestionada.

Tras las conquistas de Alejandro Magno (alrededor de 336-323 a. C.), la lengua griega experimentó cambios de gran alcance. Alejandro llevó la forma ático-jónica de la lengua, junto con la cultura griega en general, al Próximo Oriente, donde se convirtió en la lengua estándar del comercio y del gobierno, coexistiendo con muchas lenguas locales. El griego fue adoptado como segunda lengua por los nativos de esas regiones y terminó transformándose en lo que llegó a llamarse koiné helenístico o griego común. Esta nueva forma de la lengua siguió siendo esencialmente un desarrollo adicional de la síntesis ático-jónica.

El término «koiné» (κοινή) es un adjetivo femenino que significa «común» y califica al sustantivo *dialektos* (διάλεκτος). Aquellos que hablaban griego como segunda lengua fueron denominados «helenistas» (Hch 6:1), por hablar griego «helenístico», fruto del proceso de helenización de gran parte de Oriente desde la época de Alejandro Magno.

El koiné helenístico trajo cambios significativos en el vocabulario, la pronunciación y la gramática, y algunos de estos cambios persistieron en el griego moderno. No obstante, la época de cambios rápidos iniciada por Alejandro duró aproximadamente desde el 300 a. C. hasta el 300 d. C.

Se puede decir que, en comparación con el griego clásico, el koiné supuso una simplificación tanto en el aspecto morfológico como en el sintáctico. Así, hubo cambios en la escritura de los términos, incluidas las formas verbales. Además, existe una tendencia a utilizar frases más breves, con un predominio de oraciones coordenadas y el uso de estilo directo por encima del indirecto. En definitiva, hubo una tendencia a simplificar la lengua, lo cual puede explicarse tanto por el hecho de que el koiné asimiló aspectos de diferentes dialectos como por haberse convertido en la segunda lengua para diversos pueblos conquistados por Alejandro.

Importante

Es importante recordar que el koiné, tal como se utiliza en el Nuevo Testamento, era la lengua griega hablada por personas con un buen dominio de la misma. En este sentido, difiere tanto del griego literario, más pulido, como del griego utilizado por personas sin mayor conocimiento gramatical de la lengua. Como lo caracterizó un estudioso, el griego del Nuevo Testamento se sitúa entre el literario y el «vulgar», y puede calificarse como «coloquial».

Aticismo

Durante el periodo helenístico, algunos puristas reaccionaron fuertemente contra el koiné. Desarrollaron un movimiento llamado aticismo, que consideraba el ático clásico como el único estándar aceptable para la prosa escrita. Este movimiento continuaría influyendo notablemente en la escritura griega en la era moderna, restringiendo la producción de literatura en el lenguaje normal del discurso cotidiano real.

Griego bizantino

El aticismo dominó la producción literaria durante toda la era bizantina, desde la fundación de Constantinopla en el 330 hasta 1453, cuando la ciudad fue conquistada por los turcos. El desarrollo de la lengua hablada en el día a día durante este periodo es extraordinariamente difícil de reconstruir, ya que el discurso vernáculo se consideraba inadecuado para la producción literaria. Como Grecia entró en un prolongado periodo de dominación turca que duró cuatrocientos años, su producción literaria se redujo drásticamente debido a las características del aticismo.

Desarrollo del griego moderno

Creta logró resistir el control turco hasta 1669. La poesía producida en el dialecto local hacia el final de este periodo contribuiría significativamente al desarrollo de la literatura moderna demótica, al igual que las canciones populares compuestas en el continente.

Cuando Grecia finalmente obtuvo su libertad en 1820, se formó un nuevo reino que tenía a Atenas y al Peloponeso como núcleo. Los dialectos hablados en estas regiones se convirtieron en la base de la lengua hablada estándar de la sociedad griega actual. Se pueden identificar al menos dos formas de griego moderno. Una es la forma literaria del griego, *katharévusa* (καθαρεύουσα), un intento de retornar al dialecto ático. La otra forma, el demótico, es la lengua que se habla hoy en Grecia y puede considerarse descendiente directa del griego koiné.

II. Particularidades del koiné utilizado en el Nuevo Testamento

El descubrimiento de papiros escritos en griego a finales del siglo XIX demostró que el griego empleado en el Nuevo Testamento —con el que guardaba muchas similitudes— era el griego hablado, no el utilizado en la literatura, aunque hay textos en el Nuevo Testamento que se acercan en gran medida a textos helenísticos de carácter literario. Estrictamente hablando, no existe un «griego del Nuevo Testamento», ya que hay variedad en el uso de la lengua al comparar los diversos escritos apostólicos.

Hay textos, ejemplificados por los escritos de Juan (p. ej., 1 Jn 1:8–2:3), que presentan una estructura lingüística más sencilla (por ejemplo, con frases que siguen el orden más directo: sujeto-verbo-objeto), con un número menor de participios (que normalmente se emplearían para oraciones subordinadas más complejas), además de otras características que demuestran el uso de un griego más simple, tal como lo hablaba la gente.

Otros textos, como el Evangelio según Mateo, también presentan una estructura sencilla, pero ya con una elaboración sintáctica más compleja, por ejemplo, mediante el uso de participios que introducen la oración y se conectan con el verbo principal (p. ej., Mt 2:11-12).

En un grado aún mayor de complejidad lingüística se encuentran los escritos de Lucas (el Evangelio y los Hechos) y Hebreos, que emplean estructuras gramaticales muy bien elaboradas y presentan mayor dificultad para el lector menos familiarizado con la lengua griega. Asimismo, muchos pasajes del Nuevo Testamento muestran fuertes características presentes en la LXX (la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento).

Es importante señalar que tales diferencias lingüísticas también se encuentran en escritos helenísticos fuera del Nuevo Testamento, lo que demuestra que la lengua utilizada por los autores neotestamentarios es básicamente la lengua hablada en el antiguo Próximo Oriente a partir del proceso de helenización promovido por Alejandro Magno.

Otro aspecto importante del griego empleado por los escritores del Nuevo Testamento, además de sus características helenísticas, son los rasgos semíticos. Se sabe que los habitantes de Palestina utilizaban tres lenguas: el griego, especialmente en el ámbito comercial y en los diálogos con personas de origen gentil; el hebreo, como lengua cultual; y el arameo, la lengua del hogar. El hecho de que el hebreo y el arameo fuesen lenguas habladas entre los judíos, así como la importancia del Antiguo Testamento para esa gente, influyeron también en el griego hablado en Israel, lo cual se refleja en los escritos del Nuevo Testamento.

La influencia semítica en el griego de los escritos neotestamentarios se manifiesta básicamente de dos maneras: mediante el uso de palabras nuevas —es decir, que no se empleaban en el griego helenístico general— importadas del arameo o del hebreo (por ejemplo, los términos *pascha* = Pascua; *rabbi* = maestro); y mediante construcciones gramaticales que no son habituales en la lengua griega. En esta última categoría se encuentran algunas estructuras gramaticales que resultarían completamente extrañas a un hablante nativo de griego.

Pero lo más común son construcciones sintácticas que recuerdan a una estructura aramea o hebrea, pero que resultan plenamente comprensibles para un nativo de griego, aunque este último percibiría la influencia externa en su lengua materna. Un ejemplo es el empleo de sustantivos en caso genitivo para expresar cualidad (como si fuesen adjetivos); por ejemplo, en la construcción «hombre de iniquidad» (2 Ts 2:2), que significa «alguien inicuo»; o en la autodesignación favorita de Jesús, «Hijo del Hombre», que sería una forma de decir «El Hombre», es decir, el hombre ideal, el representante (sustituto) de la humanidad en la obra de salvación ante Dios.

Fuentes y referencias

https://greek-language.com/History.html

Voelz, James W. “The Greek of the New Testament: its Place within the Context of Hellenistic Greek.” Pp. 177-196. In: Caragounios, Chrys C, ed. Greek – A Language in Evolution – Essays in Honour of Antonios N. Jannaris. 2010.

________. “The Linguistic Milieu of the Early Church.” Concordia Theological Quarterly v. 56, n. 2,3 (1992), 81-97.

Wallace, Daniel B. Gramática Grega – Uma Sintaxe Exegética do Novo Testamento. Traducción de Roque Nascimento Albuquerque. São Paulo: Editora Batista Regular, 2009.

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